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Todo lo que un comprador —nacional o extranjero— necesita entender antes de invertir: cómo se compra de forma legal y segura, cuánto cuesta de verdad y qué rendimiento es realista.
La pregunta número uno del comprador extranjero es si realmente puede ser propietario en la playa. La respuesta es sí: a través de una figura legal, segura y usada por miles de personas cada año, el fideicomiso bancario.
El fideicomiso te da el uso, la renta, la venta y la herencia. Mismos derechos que un dueño mexicano.
Un Notario Público da fe legal de cada operación y revisa que el título esté limpio.
El fideicomiso se constituye por 50 años, se renueva y se transfiere sin perder tus derechos.
Aclaramos tu objetivo —vivir, rentar o invertir— y filtramos solo los desarrollos que cumplen criterios de ubicación, precio y absorción.
Se firma una carta de intención y un apartado que congela el precio y la unidad mientras se revisan los documentos.
Un Notario Público (abogado del Estado) revisa títulos, libertad de gravamen y permisos. Es quien da fe legal de la operación.
En la zona costera, el extranjero compra a través de un fideicomiso: un banco mexicano tiene el título y tú eres el beneficiario con todos los derechos.
Se firma la escritura ante notario, se liquida el saldo y se pagan los gastos de cierre e impuestos de adquisición.
La propiedad se inscribe en el Registro Público a tu nombre (vía fideicomiso) y recibes llaves o tu plan de pagos de preventa.
Más allá del precio de la propiedad, conviene presupuestar los gastos de cierre. Estos son los rangos de referencia para Quintana Roo; el monto exacto lo confirma siempre el notario.

Sí. La Constitución restringe la propiedad directa de extranjeros dentro de los 50 km de la costa, pero la solución legal y cotidiana es el fideicomiso bancario: tienes el uso, la renta, la venta y la herencia de la propiedad, exactamente como un dueño mexicano.
Agenda una llamada y te explicamos el proceso completo aplicado a tu objetivo y presupuesto.